Él, en la soledad de su taller, ante lo que aparentemente no es mas que un gran trozo de madera esperando que la inspiración haga acto de presencia. Sus ojos empiezan a buscar formas humanas, de repente y como por arte de magia, sus manos empiezan con leves movimientos, los sentimientos nacidos desde lo mas profundo de su corazón empiezan a aflorar y exteriorizarse, así comienza a dar vida a algo que parecía inerte.
El imaginero, con absoluto respeto y devoción va tallando la madera, dando forma a su interpretación del dolor de aquél que vino al mundo para cargar con nuestros pecados.
Es tal la armonía entre él y su obra que llega ha alcanzar el punto de sentirse uno solo, como sí fuese una prolongación de su propio ser.
En él plasmará sus sentimientos, esos que perdurarán en el tiempo.
Tu trabajo será testigo de la fe de miles de fieles, los oídos para aquellas personas que lanzan sus plegarias en busca de consuelo divino, el refugio de quienes se sienten perdidos y la esperanza para los que sufren.
Es mas que arte religioso, es puro sentimiento del alma, son lagrimas por el dolor ajeno, él es el camino de quienes se sienten perdidos.
Quizás mucha gente no entienda, ni pueda llegar a entender, a quienes creemos en aquello que tú con tu trabajo representas. Personalmente con que me respeten me es suficiente, pues no necesito la aprobación de nadie, sino que busco el consuelo de mí alma.
Foto: Víctor García Villalgordo. Escultor Torrevejense.



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